Por
Axel Káiser
Ninguna
persona sensata podría negar que hay algo en el ideal socialista que apela a
parte de los impulsos más nobles que es capaz de exhibir nuestra especie.
Incluso, un demoledor de Marx como el filósofo liberal Karl Popper diría que el
alemán estaba fundamentalmente preocupado por el bienestar moral y material de
la humanidad. Y es que la ideología socialista moderna surge como respuesta a
una de las más grandes angustias que pueda experimentar el ser humano: la
pobreza material.
La
Revolución francesa, la primera revolución socialista de los tiempos modernos,
en un principio tuvo por objeto la defensa de los derechos del hombre, pero al
poco andar derivó en un esfuerzo desquiciado por asegurar la igualdad material
en una Francia en que parte de la población literalmente moría de hambre.