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jueves, 28 de abril de 2011

¿Por qué renuncié al Apra?



El día 7 de Julio último presenté mi renuncia a mi condición de miembro del Partido Aprista Peruano. La redacté en términos escuetos, pero creo que es mi deber hacer conocer al país las causas que la motivaron.

He militado en el aprismo desde el año 1930 en que, habiéndonos encontrado con Víctor R. Haya de la Torre, en Berlín, me invitó, dadas nuestras ideas y aspiraciones comunes –justicia social, antiimperialismo, defensa permanente de la libertad y la dignidad humanas, estimación de la llamada América Latina como una sola nación de veinte estados, revalidación del nacionalismo basado en la sangre, el destino y la cultura incaica, etc.- a incorporarme al movimiento iniciado por él con el nombre de APRA y el cual se aprestaba a dar su primera batalla electoral en los comicios de 1931, en los que el partido, por expresas indicaciones de Haya de la Torre, me proclamó su candidato a una de las diputaciones por Arequipa.

sábado, 9 de octubre de 2010

Notas para el estudio del fascismo peruano [1]

Por José Ignacio López Soria


El fascismo es, en primer lugar, un gesto, una actitud que trata de dar forma a la vida y sentido a la muerte. Exaltación del "eros" y del "thanatos", del principio de vida y del principio de muerte, primacía simultánea de lo épico y de lo trágico. Para el fascista la vida es agonía, combate a muerte entre las fuerzas de la civilización (Dios, patria, familia, tradición) y las de la barbarie (comunismo) y la anarquía (capitalismo). El fascista entiende la vida como un combate que no sabe de descanso, como un desafío entre el orden y el caos, entre el derecho y la anarquía, entre la tradición y la modernidad. La historia toda es una epopeya, y cada acontecimiento de la vida un episodio de ella. Y si, en la lucha, le "llega la muerte", pelea con ella como el héroe trágico, a sabiendas de que está empeñado en un combate con fuerzas superiores pero al que no se abandona, como el mártir, porque sólo cayendo en la lucha se gana como héroe cabal. La lucha da forma a su vida, y si ésta acaba en el momento trágico, entonces no muere porque se va "al puesto que tiene allí", junto a los luceros. Al pasar por la muerte trágica, la vida queda transformada en vida duradera. Su nombre es, por eso, esculpido en piedra en el "valle de los caídos".

lunes, 4 de octubre de 2010

Sánchez Cerro o el fascismo peruano

 
Por Álvaro Sarco


Luis M. Sánchez Cerro (1889-1933) se levantó en Arequipa el 22 de agosto de 1930 contra Augusto B. Leguía acabando con su “oncenio” (1919-1930). El 25 de ese mes, el presidente depuesto huyó rumbo a Panamá en el Crucero Grau. Ese mismo día, Sánchez Cerro llegó a Lima, y tomando provisoriamente el control de la situación, ordenó desembarcar a Leguía.

En tanto, la multitud canalizó furiosamente su repudio y hartazgo contra la fenecida administración a través de diversos desórdenes que incluyeron el saqueo e incendio de la casa de Leguía y las de sus más próximos colaboradores. Leguía fue encarcelado –tenía la salud quebrantada- en la isla San Lorenzo y, posteriormente, en la Penitenciaría Central de Lima. Finalmente, Leguía moriría en la Clínica Americana de Bellavista el 6 de febrero de 1932. 

Sánchez Cerro afrontó una serie de disturbios -básicamente promovidos por oportunistas de izquierda- y dimitió, seguro del respaldo popular tras unas elecciones. Entregada la dirección del país a una junta de “notables” estos, tras fallidos tanteos sobre a quién entregarle el mando, recalaron en la figura de David Samanez Ocampo, quien convocó a elecciones generales para 1931.

jueves, 26 de agosto de 2010

Alberto Hidalgo y el APRA: Un incidente de 1960

Por Álvaro Sarco


Entre los numerosos hechos del poeta y escritor Alberto Hidalgo (Arequipa, 1897 - Buenos Aires, 1967) resalta el acaecido en 1960. Como se sabe, el vate arequipeño residió en Buenos Aires desde inicios de la década del veinte en un “autoexilio” que habría respondido, básicamente, a los influyentes enemigos que cosechó por estos lares a raíz de sus libelos, y a su inquieto carácter vanguardista que buscó ciudades con mayor movimiento literario. Pocas veces retornó al Perú. Una de esas escasas visitas fue en 1931 y tuvo un carácter político:
He militado en el aprismo desde el año 1930 en que, habiéndonos encontrado con Víctor R. Haya de la Torre, en Berlín, me invitó, dadas nuestras ideas y aspiraciones comunes -justicia social, antiimperialismo, defensa permanente de la libertad y la dignidad humanas, estimación de la llamada América Latina como una sola nación de veinte estados, revalidación del nacionalismo basado en la sangre, el destino y la cultura incaica, etc.- a incorporarme al movimiento iniciado por él con el nombre de APRA y el cual se aprestaba a dar su primera batalla electoral en los comicios de 1931, en los que el partido, por expresas indicaciones de Haya de la Torre, me proclamó su candidato a una de las diputaciones por Arequipa.[1] 

lunes, 16 de agosto de 2010

Alberto Hidalgo, El Panfletario


Hace poco ha salido a la luz la compilación de textos de Alberto Hidalgo (1897-1967)  titulada De muertos, heridos y contusos. Libelos de Alberto Hidalgo (SUR-Librería Anticuaria, Lima, 2004, 168 pp.). La edición está bellamente presentada y se enriquece con un prólogo de Fernando Iwasaki (De hidalgo más bien poco, título que juega con el apellido del autor y con su actitud frente a sus adversarios, poco hidalga) y de un epílogo de Álvaro Sarco (Alberto Hidalgo o el libelo en el Perú).