Por Axel Kaiser
El
socialismo es ante todo una doctrina sobre la explotación. Su postulado central
es que existen explotadores y oprimidos que se encuentran en irremediable
conflicto. El socialista cree tener el deber de redimir a los explotados de la
opresión de que son víctimas, poniendo fin o disminuyendo considerablemente la
posición de poder del supuesto explotador. En última instancia, el socialismo
aspira a un objetivo aparentemente noble que es la libertad "real" de
los oprimidos y la construcción de un orden de mayor paz y armonía.
Si
bien, en abstracto, el objetivo declarado puede ser loable, el espíritu que
anima todo proyecto genuinamente socialista necesariamente debe ser el odio.
Esta es una consecuencia casi inevitable de la visión de la sociedad como un
conflicto entre clases enemigas donde una abusa sistemáticamente de la otra.
Pues evidentemente si se cree que una clase es moralmente miserable y
abusadora, no se puede tener más que rabia en su contra.