sábado, 18 de mayo de 2013

Bastiat y la crisis del siglo XXI


Por Héctor Ñaupari


Los causantes de la crisis del siglo XXI nunca leyeron a Bastiat, aquél que dijo: "¿No es la simplicidad la piedra de toque de la verdad?". La ley no puede proteger la vida, la libertad y la propiedad si el Estado promueve políticas socialistas e intervencionistas, por definición opuestas a estas categorías. Cuando eso sucede, sostiene Bastiat, la ley se corrompe y se vuelve contra aquello que debía defender.

Al permitir el préstamo para todos, no se advirtió, como lo hizo Bastiat en su contexto, que las decisiones económicas no deben ser implementadas únicamente por sus consecuencias inmediatas, sino por su impacto en el largo plazo, del mismo modo que sólo se puede observar un lienzo de gran formato a determinada distancia.

Que la cura –mayor intervención– es peor que la enfermedad también fue demostrada por Bastiat. El control del Estado para enfrentar la crisis que él mismo creara ha resultado hasta el momento ineficiente, económicamente dañino y moralmente equivocado. Esa intervención, además, sólo ha beneficiado a los financistas y banqueros irresponsables, los fabricantes de velas de nuestro tiempo, que han rogado favores del Estado para beneficiarse ellos y perjudicar a todos los demás. 

domingo, 21 de abril de 2013

La gracia del insulto

Por Renato Cisneros


Desde hace décadas la discusión política adolece de falta de actores con talento natural para la imprecación y la calumnia. Ya no tenemos insultadores de carácter, esgrimistas de la injuria. A cambio, somos resignados testigos de un debate que debe su diaria decadencia a sujetillos —entre congresistas, jueces, ministros, candidatos, y líderes de nada— que en su mañana más inspirada intercambian eructos y cacareos. Ninguno posee la maestría y maledicencia suficientes para incordiar al enemigo con estilo. De ahí que critiquen sin elegancia; lancen ataques chúcaros; y cedan a la agresión histérica con efímero éxito.

Después de González Prada, Valdelomar, Federico More y Alberto Hidalgo, la escena política ha quedado despoblada de cultores del libelo: ese polémico arte que busca tanto el impacto de la denigración como el cuidado en las formas con que se denigra. De los mencionados, quizá sea Hidalgo  (1897-1967) el mayor exponente de nuestra tradición libelista, a decir del escritor Álvaro Sarco, quien editó De muertos, heridos y contusos. Libelos de Alberto Hidalgo (Lima, 2004); compiló los textos más provocadores del autor en El genio del desprecio (Lima, 2006); y se ha referido al tema repetidas veces en Internet. Al reseñar a Hidalgo, Sarco destaca: “Son antológicas sus páginas, dedicadas, con una gran dosis de malicia y humor negro, a desacreditar a personas muy respetadas del medio limeño y transnacional: José Pardo, Nicolás de Piérola, Ricardo Palma, José de la Riva Agüero, Leopoldo Lugones, etc.”.

Por estos días en que los roces entre nacionalistas, apristas, toledistas y fujimoristas vienen matizados por una desabrida virulencia, provoca revisar a Hidalgo. Una sugerencia: busquen su artículo “¿Por qué renuncié al Apra?”, donde se refiere a Haya de la Torre con peculiar desencanto. Eso sí, léanlo con detenimiento, como quien saborea una fruta exótica, sabiendo que después se intoxicarán escuchando a los Otárola, los Aguinaga, los Velásquez Quesquén.

domingo, 14 de abril de 2013

Los “Dioramas estridentistas” de Manuel Maples Arce (1924)

Carlos García (Hamburg) / [carlos.garcia-hh@t-online.de]



Tras la aparición del tercer y último número de la revista Irradiador en noviembre de 1923, los Estridentistas en torno a Manuel Maples Arce se quedaron sin órgano hemerográfico donde publicar. 

Así lo explica Luis Mario Schneider en su señero libro El Estridentismo. Una literatura de la estra­te­gia (1970, 73):
Al desaparecer Actual, y después Irradiador, el grupo estridentista se que­­dó sin un órgano propio de difusión. Con todo se apoyan en el espíritu abierto de El Universal Ilustrado y encuentran en este semanario una página orgánica para dar a conocer no sólo a los poetas extran­jeros, desconocidos en el am­biente, sino para publicar sus obras y difundir sus conceptos de nuevo arte. Con el nombre de “Diorama estridentista”, Manuel Maples Arce tiene a su cargo una página literaria en El Universal Ilustrado que comienza a aparecer el 10 de enero de 1924, con periodicidad irregular.
En la literatura crítica se postula que los textos recogidos por Ma­ples Arce en enero y febrero de 1924 en sus “Dioramas estridentistas” ha­brían conformado, siquiera en parte, el nonato número 4 de la revista Irradiador, clau­su­ra­da bajo condiciones no del todo claras.

domingo, 7 de abril de 2013

La conferencia de García Lorca sobre Góngora (1927). Introducción filológica.


Carlos García (Hamburg) / carlos.garcia-hh@t-online.de



El texto de la conferencia de Lorca titulada “La imagen poética de Don Luis de Góngora” es un temprano, pero acabado ejemplo de crítica literaria y doctrina estética.

En mi libro Federico García Lorca / Guillermo de Torre. Correspondencia y amistad (Madrid / Frankfurt am Main: Iberoamericana / Vervuert, 2009) tuve oportunidad de reproducir por primera vez el contenido del manuscrito original y de lograr aclarar algunas lecturas de pasajes que habían padecido corrupción debido a la manera en que el texto fue transmitido.

Reproduzco aquí, con los cambios que exige el diferente contexto, las páginas 134-146 de mi libro, que contienen la introducción filológica al texto de Lorca (subsano, de paso, un error cometido por ligereza en p. 138 de mi libro, en relación con la edición de Maurer).

De la conferencia que nos ocupa hubo diferentes versiones, surgidas en­tre fines de 1925 y comienzos de 1930; sus primeras publicaciones tuvieron lugar entre 1926 y 1938 (esta última a cargo de Guillermo de To­rre, en el mar­co de las primeras Obras Com­ple­tas de Lorca apa­re­ci­das en Buenos Aires, en Editorial Losada).

martes, 5 de marzo de 2013

Norah Borges en México (1924)

                    Carlos García (Hamburg) / [carlos.garcia-hh@t-online.de]


La reciente publicación en México de una edición facsimilar de Irra­dia­dor, Revista de vanguardia aparecida originalmente en 1923 bajo la dirección del poe­ta estridentista Manuel Maples Arce y del artista plás­tico Fermín Re­vueltas,[1]brinda la oportunidad de hacer algunas divaga­cio­nes acerca de un grabado de Norah Borges.

En el tercer y último número de esa revista, apa­re­ci­do en noviembre de 1923, se in­forma bajo la rúbrica “Notas, li­bros y re­vistas” acerca de lo siguiente (el texto no lleva firma, pero es ve­ro­sí­mil­mente de Maples Arce):

La Vie des Lettres es una de las publicaciones francesas de vanguardia más significadas. Ni­colás Beauduin ha sabido hacer de ella un índice de las nue­vas corrientes estéticas que agitan el espíritu contemporáneo, sin en­ce­rrarse en el estrecho círculo de un grupo sectarista.

El número XIV contiene “Keats un de la Poèsie” [sic], “Los Leones Crucificados” de André Lamandé; un estudio de René Allendy sobre las nuevas orien­ta­ciones literarias, versos de MarceloFabri y Trabajos de William Speth, Pois­sin, Harlaire, Zonchary y una tragedia en 5 actos de Nicolás Beauduin. Ilustran este número Wel-Domochel, Norah Borges y Joseph Sima.

El segundo párrafo rezuma graves errores de imprenta, según era usual en las publicaciones estridentistas cuando se trataba de reproducir nom­bres o títulos extranjeros. Sólo dos ejem­plos: el poeta, autor teatral y crí­tico Mar­cello-Fabri (seudónimo de Mar­cel Louis Faivre, 1889-1945), fun­dador en 1919 de La Revue de l’Épo­que,es nom­­brado como “Mar­celo Fabri”. “Poissin” und “Wel-Domochel” son la misma persona: la escri­tora y crí­tica Yvonne Allendy-Nel-Du­mouchel (1890-1935), quien a ve­ces fir­maba sus críticas de arte bajo el seudó­ni­mo “Jacques Poisson”. En este nú­me­ro de La Vie des Lettres, Poisson publicó “Litté­ra­ture mo­der­ne et psychanalyse” en páginas 71-74. René e Yvonne Allen­dy pu­blicaronjuntos Capi­ta­lisme et se­xua­lité. Paris: Denoël & Steele, 1931.

jueves, 28 de febrero de 2013

Biografía de un poema de Borges: “Rusia” (1920)

Carlos García (Hamburg) / carlos.garcia-hh@t-online.de


En Textos recobrados, 1919-1929 (Buenos Aires: Emecé, 1997, 57; de aquí en más TR) se reprodujo un temprano texto de Jorge Luis Borges, titulado “Rusia”, con la siguiente nota al pie:
Versión en prosa de “Rusia”. Se publicó ilustrada con un grabado en madera de Norah Borges. El 20 de agosto de 1920 Borges escribe a su amigo Abra­mowicz desde Valldemosa, Mallorca: “Todavía espero la Grecia del 15. Creo que una prosa ultraísta mía ha llegado demasiado tarde para aparecer en este número...”.
La breve nota, que es como la partida de nacimiento del texto, ha oca­sionado diversos malentendidos que recorren toda la literatura crítica, y re­clama por ello algunas precisiones, que paso a hacer.

Los entretelones son complicados y hasta engorrosos, pero vale la pena adentrarse en ellos, ya que permiten vislumbrar hechos y contextos, que ni los editores de las Obras Completas ni la mayor parte de la crítica co­nocen o imaginan.

Para empezar, la “Grecia del 15”[1] debería haber sido la del 15 de agos­to, pero, en contra de lo que Borges suponía, no apa­reció ningún nú­me­ro con esa fecha. El número 47 había aparecido el 1 de agosto de 1920, y el 48 apa­recería con retraso recién el 1 de septiembre de 1920.[2] En este último se publicó originalmente el texto en cuestión, en la página 7.

viernes, 22 de febrero de 2013

ANTONIO DE IGNACIOS: A LOS 50 AÑOS DE SU MUERTE. Biógrafo y hermano de Rafael Barradas y poeta ultraísta

                            Pilar García-Sedas (Barcelona) / [pgsedas@gmail.com]



En diciembre del 2012, El País Cultural (Montevideo) publicaba un artículo de Adriana Santos Melgarejo rescatando del olvido a la compositora Carmen Barradas, fallecida en mayo de 1963.

No sería justo dejar silenciado al otro hermano de Carmen y de Rafael. Hace 50 años, el 5 de febrero de 1963, moría en su ciudad natal, Antonio Pérez Giménez, escritor y poeta ultraísta durante sus años españoles. Nacido en Montevideo en 1893, es el tercer hijo del matrimonio formado por los españoles Antonio Pérez Barradas (Valencia de las Torres, Badajoz 1862–Montevideo 1899) –también pintor- y Santos Jiménez Rojas (Sevilla, ¿-?-Montevideo, 1948) y el menor de los hermanos. Le preceden Carmen (1888-1963), pianista y compositora, y Rafael (1890-1929), el indiscutible pintor del ultraísmo y creador del “vibracionismo”, que adoptaron artísticamente el apellido de la abuela materna. Antonio nacerá en las letras con el pseudónimo de Antonio de Ignacios. Su infancia transcurre en el mítico Barrio Sur montevideano, en la calle Yaguarón, entre Isla de Flores y Durazno, en el seno de «un hogar modesto, en un ambiente de pobreza y sacrificios” como describe en la biografía dedicada a su hermano, Historial Rafael Barradas (Montevideo, 1953). Retratado en múltiples ocasiones, entre 1920-1922, durante la etapa vibracionista de Rafael, su obra ha sido compilada en: Julio J. Casal: Exposición de la poesía uruguaya (Montevideo: 1940, 677-678). 

jueves, 21 de febrero de 2013

Manuel Maples Arce y Guillermo de Torre (1921-1922)[1]

Carlos García (Hamburg)


Una de las peculiaridades del movimiento de vanguardia literaria en castellano de los años veinte fue su internacionalismo. Gran parte en ello tuvo el poeta y escritor español Gui­ller­mo de Torre (1900-1971), de incansable labor periodística y edi­torial, autor de una de las obras capitales sobre el tema: Literaturas europeas de vanguar­dia (1925). 

El contacto de Torre con numerosos autores hispanoamericanos (ar­gen­ti­nos, chilenos, mexicanos, peruanos, uruguayos...) aún no ha sido estu­­diado como lo merecería en vista de que fue decisivo para el surti­mien­to, en ambas már­genes del Atlántico, de publi­ca­ciones de avanzada con material nue­vo, como lo sería más tarde, en el ám­bito edi­torial, su papel en diversas edi­to­riales argen­tinas a par­tir de fina­les de la década del 30.

En el marco de mis investigaciones para la edición de cuatro episto­la­rios de Guillermo de Torre (con Rafael Cansinos Assens, Alfonso Reyes, Juan Ramón Ji­mé­nez y Ramón Gómez de la Serna, entre­tanto aparecidos), accedí en la Biblioteca Nacional (Madrid) a dos mi­sivas remitidas a Torre por el po­lifacético me­­­xicano Manuel Ma­ples Arce (1898-1981), que fuera poeta, político y diplomático. Des­co­nozco el paradero de las cartas que Torre habría remitido a Ma­ples Arce. Conjeturo, por lo demás, que estas dos no son las únicas intercambiadas por los corresponsales. A pesar de que el diálogo es trunco, creo que vale la pena echarle una mirada, pues ayuda a comprender, iluminando el contexto, algún capítulo de la historia literaria.

sábado, 9 de febrero de 2013

Reseña de: Irradiador. Revista de vanguardia (México, 1923). Edición facsimilar. Pre­sentación de Evodio Escalante y Serge Fauchereau. Itzapalapa (México): Uni­ver­sidad Autónoma Metropolitana, 2012.

Carlos García (Hamburg) / carlos.garcia-hh@t-online.de


Los estudiosos de la literatura de vanguardia de México e Hispanoamérica, al igual que el lector culto en general, están de parabienes: la Universidad Autónoma Metropolitana (Itzapalapa, México) inaugura una nueva colección, pertinentemente titulada “Espejos de la memoria”, con la cuidada edición facsimilar de Irradiador. Revista de vanguardia. Proyector internacional de nueva estética publicado bajo la dirección de Manuel Maples Arce & Fermín Revueltas, de la cual aparecieron, originalmente, tres números entre septiembre y noviembre de 1923.

Vale recordar que se dudaba hasta hace relativamente pocos años de la existencia de la revista, puesto que sólo se la nombraba en testimonios personales de algunos escritores estridentistas o en estudios dedicados al movimiento, pero sin que los autores hubieran accedido a ella.

martes, 29 de enero de 2013

Alberto Hidalgo. En el Recuerdo de Mario Castro [1]

Por Mario Castro Arenas

     Lo vi por primera vez, en persona, en Buenos Aires, en 1958. Un año antes había escrito un artículo en “La Prensa”, en el que, al par que destacaba las excelencias de su obra poética, llamaba la atención por su ausencia dilatada del Perú. Don Alberto Hidalgo me escribió y me dijo su nostalgia y su furia abrasadoras por este país.

    Había leído su poesía y sus panfletos y había construido la imagen de un hombre feroz, irascible, terriblemente comprometido por los problemas políticos peruanos. Pero, en su casa de campo estilo inglés de Olivos –un lugar de retiro a dos horas de tren de Buenos Aires- encontré a un hombre manso, a un tímido y apacible anciano sosegado por las tibiezas de la vida doméstica. Pensé entonces que don Alberto Hidalgo era como Giovanni Papini, otro panfletista temible pero que era incapaz de tomarse dos tragos.

lunes, 28 de enero de 2013

Alberto Hidalgo y Oliverio Girondo. Notas acerca de “El plagiario” [1]

Por Carlos García (Hamburg)
[carlos.garcia-hh@t-online.de]

    
     El último texto del volumen Los sapos y otras personas, titulado “El plagiario”, rezuma alusio­nes al mun­dillo de la vanguardia literaria del Buenos Aires de los años 20.
     Mientras que los demás textos que conforman la recopilación son cuentos, “El pla­giario” es, a pesar de alguna metáfora atre­vida, en realidad un libelo, es decir, una muestra de ese género que hiciera a Hidalgo famoso en algunos círculos – y temido en otros.
      No abundaré aquí sobre el tema, tratado por Álvaro Sarco en “Alberto Hidal­go o el libelo en el Perú”.[2] A cambio, intentaré desentrañar algunas alusiones y hacer un poco de histo­ria menuda para ubicarlas en su contexto histórico-literario.
     Comienzo por aclarar que la persona aludida es un ser de carne y hueso: el poeta ar­gentino Oliverio Girondo (1890-1967). También los demás “per­sonajes” son miembros pro­minentes de la vanguardia o, cuando menos, de la escena literaria argentina.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Macedonio, ¿Presidente?[1]

Por Carlos García (Hamburg)
[carlos.garcia-hh@t-online.de]
 
Según quiere la leyenda, Macedonio se propuso alguna vez ser pre­­­sidente de la república. Mucho se ha cavi­lado acerca del gé­nero de su proyecto, y se ha afirmado o pues­to en duda, con idéntico fer­vor, que la sonada "campa­ña pre­sidencial" fuera seria. Asimismo, se confunden, a mi manera de ver, sucesos de hacia 1920-1922 con otros de 1926-1928. La siguiente glosa desea apor­tar al­go de luz al asunto.

Por lo pronto, se plantea la pregunta acerca de cuándo tuvo lugar la campaña – si es que lo tuvo.

Todos los testimonios que se ocupan de la supuesta campaña pre­si­dencial de Macedonio adolecen de va­guedad; algunos pretenden evadir esta mácula esencial, y adosan las fe­chas 1926 y/o 1927. 

En el origen de la más difundida versión de la leyenda, según la cual Macedonio se propuso ser votado pre­si­dente en las elecciones de 1928, están, aunque en muy diversa medida, Borges y En­rique Fer­nán­dez Latour. El confuso artículo Fer­nán­dez Latour, surgido en 1966 (y reeditado en 1980 y en 1999; mis citas refieren a la edición de 1980), re­cla­ma, sin em­bargo, nume­rosas pre­ci­siones. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Alberto Hidalgo y Proa (1925) [1]


Por Carlos García (Hamburg)

La revista Proa (Buenos Aires, 1924-1926), de la que acaba de salir una edición facsmiliar, había sido fundada Brandán Caraffa, Borges, Ricardo Güiraldes y Pablo Rojas Paz.
En el número 13 de la revista, aparecido en noviembre de 1925, figura una carta de adhesión de Al­berto Hidalgo, sin fecha.
Hidalgo se dirige allí a tres de los directores primigenios, porque ignora los dramáticos cambios por los que atravesaba la publicación, que por estas época ya era dirigida por un nuevo triunvirato, conformado por Borges, Brandán Caraffa y Francisco Luis Bernár­dez: 
Señores
          Jorge Luis Borges, Brandán Caraffa y Ricardo Güiraldes,
Presente
Queridos compañeros:
Recibí vuestra carta, vale decir mi nombramiento de oficial de ese barco. No la he contestado ni contesto todavía, porque estoy de mu­dan­za y seguramente he guardado mi inteligencia en el fondo de algún /60/ baúl, pues no me sale una línea digna de la respuesta que bal­bu­cea mi corazón. Si la encuentro pronto, les mandaré por correo unas palabras. Sólo que no sé si cabrán muchas estrellas dentro del sobre.
Como anticipo de ese cielo, quiero decirles que estoy todo yo al ser­vi­cio de esa obra de abrir rutas en el mar pobre de ellas. Y aquí quedo esperando el momento de oír el timbre de la llamada para ir a cua­drar­me ante ustedes, la mano frente a la sien, a la voz de: "¡Presente, mi Capitán!"
Alberto Hidalgo

jueves, 1 de noviembre de 2012

Borges, el criollismo y el “endiosamiento de Hernández”

Por Carlos García (Hamburg)



El propósito de esta glosa es contribuir a la escritura de un capítulo poco ­conocido de la inserción de Borges en el criollismo, así como de su relación con el tema del gaucho, con el Martín Fierro y con su au­­tor. Sirve de rápido escolio, también, a un texto de Borges no re­co­­gido en nin­gún libro suyo, y que publiqué en Aarhus (Dinamarca) en 1999.[1]

El 12-VII-26 salió de la imprenta El tamaño de mi esperanza, se­gun­do libro de ensayos de Borges. De fecha poco anterior debe ser el pro­­­yec­to de ín­dice para Tamaño, que se conserva manuscrito en la guar­da posterior de uno de los volúmenes que per­te­ne­cie­ran a su pa­dre: William H. Prescott: History of the Con­quest of Pe­ru. Lon­don, 1889.[2]

Entre los diez títulos allí listados por Borges, en un orden que no es ni el cronológico de publicación hemerográfica de los artículos, ni el final­mente adop­­tado en el volumen, aparece, en séptimo lugar, uno lla­mativo: “el endiosamiento de Hernández”. 

Puesto que la lista contiene títulos de trabajos recogidos, con dos ex­­­­­­cepciones, en Tamaño,[3] todo indica que esa frase designa­ba el tí­­tulo de un trabajo suyo que Borges pensaba incluir en el libro, don­­­­de, sin embargo, no figura. Para comprender esta omisión es idó­­neo hacer un poco de historia menuda.

lunes, 15 de octubre de 2012

La imagen histórica de Mariátegui

Por Jorge Basadre


La figura de Mariátegui puede ser estudiada desde varios planos: el humano y biográfico, el literario, el de las ideas, el político y el social. Fre­cuente es que sus comentaristas y exegetas no abarquen todos estos aspectos. No es extraño que algunos discípulos, así como elementos divergentes tanto de la derecha extrema como de la extrema izquierda, hagan hincapié tan solo en una dimensión de este hombre que no ocultó su filiación y su fe, en el agitador social, en el organizador, en el Mariátegui anti intelectualista que sigue y seguirá participando en el comicio, en el sindicato, en el folleto y en la polémica. Hay, por otra parte, la imagen histórica de otro Mariátegui visto en una perspectiva que abarque su vida toda y no una parte de ella, que quiera llegar a ser íntimo y no tan solo a las ideas o a las cosas a las que se afanó en adherirse y que lo mire, fundamentalmente, como promotor de una gran renovación cultural y social y como un héroe desde un sillón de impedido. Esta imagen es gra­ta a personas de distinta ubicación, liberal, de centro o moderada o socialista, siempre y cuando tengan una actividad renovadora y progresista. Del mismo modo González Prada no es tan solo un plumario más en las hojas anarquistas de su tiempo, sino, sobre todo, un gran literato, un gran pensador y aunque él maldijera tanto al Perú, un gran peruano.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Semblanza de Jacobo Sureda [1]


Por Carlos García (Hamburg)


Los Sureda eran una familia acomodada y de excelente reputación en la isla. El padre de Jacobo, don Juan Sureda Bimet (1873-1947), des­­pilfarró ya antes de 1917 una gran fortuna haciendo de mece­nas a escritores y artistas. Acogió en su Palacio del Rey Sancho (Vall­­­­demosa, contiguo a la Cartuja que albergara a Chopin y Geor­ge Sand en el siglo XIX) a políticos, escritores, pintores y músicos –entre ellos a Lord Chamberlain, Thibaud, Wanda Landowska, Sar­gent, Anglada-Camarassa, San­tiago Rusi­ñol, Joa­quim Sorolla, Mau­rice Barrès, Joaquim Mir, Antonio Maura, Azo­rín, Ru­bén Darío (dos veces), Unamuno (en 1916; Pilar Montaner hizode él un retrato al óleo), Eugenio d'Ors (“Xe­nius”), Jorge Guillén (1921) y a muchos otros “grandes” loca­les o ex­tranjeros, no siempre para be­ne­plácito de la familia. Se ocupó, como casi todo mallorquino culto, de la obra del místico Ramón Lull, héroe local que también intere­sa­ría, más tarde, a Borges. Es­cri­bió una Noticia histórica sobre la obra y la vida de Rubén Darío y llevó un Diario (inédito, hasta donde alcanzo a ver), con no­­ticias interesan­tes sobre las so­na­das estadías de Rubén Darío en su casa.
Rubén, a su vez, retrató favorablemente a Sureda padre bajo el nom­­­­bre “Luis Arosa” en El Oro de Mallorca (novela inconclusa pu­bli­cada por entregas en La Nación de Buenos Aires, entre 1913-1914), a quien con­si­deró un "gentil homme y profundo lu­lista".[2]

domingo, 22 de julio de 2012

Filosofía negra (cuento)




            De mi vida de Capetown sólo un recuerdo se ha adiestrado en el goce de subsistir. Los demás han fracasado en medio del aprendizaje. Verdad es que apenas cinco meses quedé en la pintoresca ciudad del África del Sur. Poco tiempo, al fin y al cabo, para el desarrollo de aventuras perdurables por su memoria. Vivía en una pensión inglesa de muchos huéspedes y pocos platos. Además de escasos, los guisos eran ingratos a mi paladar, seguramente porque, a más de serle forasteros, los sazonaba yo con la sal del exilio, que es muy amarga en los primeros tiempos. Esto me llevó algunas veces a “The poor’s joy”, un restorán situado en la calle King Edward VII, el cual, según lo sugiere su nombre, disimulaba la pobreza de los parroquianos con la modicidad de sus precios.

            Iba allí con el objeto de escamotear unos huevos fritos y un trozo de carne a la parrilla, cosas imposibles de conseguir en el hospedaje; pero confieso que finalmente hube de redoblar mi concurrencia, hasta hacerla cotidiana, porque mi interés se compró, con los días, un traje nuevo. El restorán no era servido por mozos, cual se disgusta entre nosotros, sino por mozas, y, naturalmente, por mozas de color. Una de ellas, la encargada de la mesa que me sufría, atrajo mi atención como un imán.

martes, 26 de junio de 2012

Juan Acha y la teoría del arte en Latinoamérica: una lectura contrahegemónica



 Por  Renzo Valencia Castillo


Lejos de su país de origen, este teórico peruano denunció las manipulaciones conceptuales en el campo artístico latinoamericano en momentos en que lo común no era hablar de globalización e hibridación cultural. Sin embargo, la actitud teórica de Acha no significó el rechazo a las categorías «foráneas»: antes bien era señal de que se iniciaba una relación nueva y más autónoma con ellas.


Las formulaciones teóricas sobre la producción artística visual son de larga data. La historia del arte indica que a partir del Renacimiento la interacción entre teoría y realización práctica empezó a postularse de manera cada vez más determinante. Gradualmente, todos los temas relacionados al arte en Occidente terminaron siendo requeridos por la teoría, desde el adecuado acatamiento de procedimientos y la optimización de recursos técnicos hasta tópicos menos tangibles como los conceptos de «genio», «inspiración», «buen gusto» y las peculiaridades de la «personalidad» del artista. 

En los diversos anexos de la denominada «teoría del arte» fueron sucediéndose así una serie de enfoques y posicionamientos que en su aceptación alcanzarían incluso el impulso de ciertos discursos preceptivos –que a su vez determinarían modalidades artísticas asumidas como predominantes. En lo que concierne a Latinoamérica, las preocupaciones teóricas referidas a la producción y los fundamentos de las artes visuales se constituyeron en un ámbito de esporádica –cuando no excepcional– formulación. Precisamente este rasgo de excepcionalidad lo confirma la labor del investigador e intérprete peruano Juan Acha (1916 - 1995), cuya obra desbordó los criterios y conceptos habituales de su contexto. 

domingo, 24 de junio de 2012

A propósito de la pintura en el Perú




El problema de la pintura en el Perú ha tomado los caracteres más odiosos en su forma y contenido; una vaguedad dé­bil mental cubre la nitidez de los fines o fin propuestos. Se trata de ver claro a través de las volutas imponentes de este nuevo esoterismo: la pintura indigenista cuya cruzada ha tomado virulencia alar­mante en mí país.
Hay quien pretende ayudar la gran miseria que el indio sufre en el Perú, su ostracismo total, llevándolo con verdade­ra saña al lienzo infamante o al cacha­rrillo destinado al turismo y adjudicán­dole todos los estigmas con que las re­blandecidas clases dominantes de Occi­dente gratifican a las admirables razas de color.
En el Perú, país sin tradición pictóri­ca, la barbarie pobre que nos caracteri­za como conjunto se empeña, afanosa­mente, por crear dentro la horrible pe­nuria de recursos, una pretendida pin­tura que no tenga nada que ver con la pintura europea; es decir, que en lugar de las rollizas bretonas, holandesas y demás suizas que poblaron otrora la pin­tura en Europa, tendremos ahora indios a granel. El indigenismo no se circuns­cribe, como es fácil de comprender, so­lamente a la pintura; toda la gama de intelectuales en el Perú quiere levantar las nuevas murallas chinas que nos aís­len de Europa, a quien nuestros sabihon­dos lectores de las traducciones de Spengler llaman decadente, sin reflexio­nar un instante en que si Europa es de­cadente, nosotros intelectualmente, no somos sino un pobre reflejo de esa de­cadencia y con un retraso considerable en años y una falta de vitalidad que nos es peculiar, debida, entre otras cosas, a la pobreza de la facultad de pensar, tan poco desarrollada en los países de habla hispana, comprendiendo a España, natu­ralmente. Todos sabemos o deberíamos saber que el español es una lengua es­tancada desde el Siglo de Oro y en la que la filosofía, la poesía, no han tenido los representantes máximos que en otras lenguas abundan, como abundan entre nosotros los intelectuales que hablan de todo y de nada a través de la mala diges­tión de las traducciones fraudulentas de aquella Editorial famosa, entre nosotros de Chile; editorial que no es suma sino índice de la cultura reinante en nuestro “continente estúpido” como brillantemen­te lo definiera, hace años, Pio Baroja. Continente estúpido, pese a los regoci­jantes meridianos intelectuales que unos sitúan en Buenos Aires y otros según su pobre regionalismo sentimental. Lo único evidente es que la sede del tango está en Buenos Aires irradiando sobre la producción poética continental.

sábado, 23 de junio de 2012

"Diario de mi sentimiento" de Alberto Hidalgo


Nota del editor : sesenta y nueve capítulos del Diario de mi sentimiento de Alberto Hidalgo. Obra de incuestionable valor para internarse en la estética, vida y época del escritor arequipeño. (Hidalgo, Alberto. Diario de mi sentimiento: 1922-1936. Buenos Aires: Edición privada, 1937. 371 p.)

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PRÓLOGO

“Diario de mi Sentimiento” no iba a llamarse así. En alguna lista de mis libros, éste salió anunciado con el título de “Novela”. Después le puse un adjetivo, y con tal adjetivo ha estado viviendo durante años en mi corazón: “Novela Activa”. Porque, en rigor, es una novela, la mía, o de mi vida. La novela de las existen­cias vulgares está hecha de amorcillos, de pequeñas tra­gedias, de contactos con todo lo pedestre del mundo, de acción, según se dice en el lenguaje de esa técnica. La novela de un hombre habituado a pensar, cliente ya in­curable del vicio de pensar, no puede estar hecha sino de pensamiento. Así ésta.
Pero siendo lo que es principalmente, o mejor dicho, dada la forma que afecta, su título no podía ser otro que el inscrito. Sin embargo, un sentimiento compasivo me prohibía ese bautizo: el saber que éste achicaría la importancia de todos los diarios que andan por el mun­do y en particular del de Enrique Federico Amiel, al cual debe toda su gloria. Porque el de Amiel es la obra de un pajero (nadie se alarme por mis vocablos: yo, dueño de todo el idioma, uso los que me da la gana), y el mío es cosa viva, máscula, fruto de un hombre que sabe emplear sus medios genitales en el momento opor­tuno y que ante la vida reacciona mostrándoselos. Claro está que yo también me he masturbado, pero de eso hace más de veinticinco años y, en cambio, el poeta suizo perseveró hasta los últimos de su existencia. Si, final­mente, me decidí a usar la palabra determinativa del género, fué para vindicarlo. Pues, a causa de Amiel, se ha estado creyendo que el diario podía ser el vehícu­lo de la acotación quejumbrosa, sentimentalona o cursi, del onanismo literario, en una palabra. Insisto en que ni el “Diario Íntimo” ni su autor merecen la fama que les han confeccionado los chirles, trapaceros, gárrulos, tontos y otros marañones.

viernes, 22 de junio de 2012

Eielson para principiantes


Por Andrés López Velarde


J
orge Eduardo Eielson (Lima, 1924 – Milán, 2006) es uno de los poetas más destacados de la llamada Generación poética del 50 en el Perú. Creador precoz, su trayectoria estuvo signada siempre por una versatilidad artística que lo llevó a perfilar una obra literaria polifacética que supo transitar no sólo por la lírica, sino también por la narrativa (v.g. El Cuerpo de Giulia-no, 1971), el drama (v.g. Acto Final, 1959) y el ensayo. Buscador inquieto, no dudó en abandonar el oficio literario toda vez que necesitó dar con nuevas formas de expresión a través de las artes plásticas o la música.

El volumen que recoge la mayor parte de su obra poética, titulado por él mismo Poesía Escrita (Lima, 1976), se ha visto enriquecido con las sucesivas ediciones mexicana (1989) y colombiana (1998); lo cual ha contribuido a la difusión de nuestro poeta más allá de las fronteras peruanas.

            Si bien la crítica se ha encargado de dar múltiples lecturas globales de su obra al clasificarla en periodos marcados por determinados rasgos estilísticos que han bebido de fuentes diversas como el simbolismo francés, la vanguardia europea e hispanoamericana, entre otras[i]; el hecho es que hay una innegable trayectoria que recorre notablemente la mayor parte del registro poético de Eielson: la progresiva crisis del lenguaje y la palabra poética.

miércoles, 6 de junio de 2012

Federico García Lorca en Proa (1925)


Por Carlos García (Hamburg)
[carlos.garcia-hh@t-online.de]

A Germán Álvarez
 
La reciente aparición en Buenos Aires de una edición facismilar de la revista Proa, segunda época (1924-1926), incita a retomar algunas cues­tiones rela­cio­­­nadas con García Lorca y uno de los directores de la revista, Jorge Luis Borges, así como con dos poemas del granadino.[1]
Se ha convertido en un deplorable malentendido reducir la actitud de Borges hacia García Lorca a alguno de los desafortunados exabruptos proferidos en entrevistas. 
¿Se conocieron Borges y García Lorca personalmente antes de la vi­sita del segundo a Buenos Aires, en 1933?
La pregunta es de difícil res­pues­ta, por­que los testi­monios son fragmen­tarios y ambiguos. Entre enero y abril de 1924, Lorca se encontraba, si­quie­ra con intermi­ten­cias, en Ma­­drid. Por estas fechas, más concreta­mente hacia marzo-abril, la fa­milia Bor­ges pasó por la corte, en viaje de regreso a Ar­gentina, tras casi un año de periplo europeo. Es muy pro­bable que Guillermo de Torre, amigo co­mún de Lorca y de Bor­ges, pu­siera a ambos en con­tacto, lo cual, paradójicamente, quizás con­tribuyera a algún malen­tendido entre el porteño y el granadino, ya que su inmi­nente cu­ñado no era sim­pático a Borges. Lo cierto es que en carta iné­dita a Torre, de hacia abril-mayo de 1924, enviada de Lis­boa a Madrid, Borges in­quiere a su corresponsal: “Lisboa es una inexistencia sin nada de particular. Descuélgate pronto por aquí. ¿Vendrá contigo Lorca o se irá por el aire?”. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los suicidios de Borges [1]


Por Carlos García (Hamburg)
carlos.garcia-hh@t-online.de


El esclarecimiento de aspectos de la vida privada de Bor­ges, o el mero chismerío, amenazan con sobreponerse al in­terés que de­bería dedi­car­se a su obra. Sin ánimo de alargar innecesariamente la lista de personas que se dedican a ello, creo que algunas de las historias divul­gadas re­cla­­­man precisiones. Tal el caso de lo que se cuenta acerca de reales o imaginarios intentos de suicidio de parte de Borges.

Hasta donde alcanzo a ver, la especie de que Borges intentó suici­darse el día en que cumplió 35 años (o sea, el 24-VIII-34) fue echada a rodar por Emir Rodríguez Monegal (Borges. Una biografía literaria, 1987, 251-252). Desde entonces, casi todos los investi­gadores de la vida de Bor­ges repiten la historia en su versión, como si confiaran en tornarla, así, más verídica.

Monegal, por su parte, basó su versión acerca del frustrado suici­dio de Borges en una publicación del norteamericano Donald A. Yates, quien tuvo acceso a notas de Borges (reprodu­cidas parcialmente, en traduc­ción inglesa, en su trabajo “Behind Borges and I”: Modern Fiction Stu­dies XIX.3, otoño de 1973, 317-324). No conozco ningún bió­grafo que se tomara la mo­lestia de cotejarlo. 

viernes, 4 de mayo de 2012

En el búnker (cuento)


Por Álvaro Sarco


            Era la medianoche. Me encontraba en mi sillón, leyendo un libro de historia, cuando me venció el sueño.
            Me vi transportado a una ciudad devastada, a una extraña ciudad cuya ruina, sin embargo, me conmovió profundamente.
            Caminaba bajo el sol de la tarde, agazapándome a cada instante, temeroso de una guerra adversa.
            Los habitantes, formando pequeños grupos, huían hacia el Oeste; siempre al Oeste.
            Sentíamos sobre nosotros el poder de un enemigo invisible.
            Había explosiones aquí y allá. Muchos soldados caían, y los menos, se perdían entre los escombros humeantes, preocupados sólo de sus propias vidas.
            Yo, avanzaba insensatamente en sentido opuesto, hacia el centro de la ciudad.
            Aturdido por el rugir de los bombarderos y el cañoneo incesante, ingresé a un sector defendido encarnizadamente.
            Un oficial de las Schutz-Staffel dirigía la resistencia. Me indicó algo que en vano intenté comprender, y cayó luego, bajo el fuego de la metralla.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Macedonio: “Elena Bellamuerte” y “Otra vez” [1]


Por Carlos García (Hamburg)
[carlos.garcia-hh@t-online.de]



No discutiré aquí la difundida opinión según la cual el poema “Elena Bellamuerte” es uno de los más logrados de Macedonio, o uno de los más intensos de la lengua castellana, sobre todo porque no me ocuparé aquí del poe­ma devenido famoso bajo ese título, sino de otro, aparecido en 1926, que fue, hasta donde alcanzo a ver, el pri­mero que ostentó ese título en letras de molde.[2]
Según quiere la leyenda, Macedonio escribió la primera versión del poema, la famosa, poco después del fallecimiento de su esposa Elena de Obieta, que tuvo lugar en mayo de 1920. Esa primera versión se habría perdido poco des­pués, para reapa­recer en 1940, en el es­tudio jurídico de Palacios Hardy, en el cual Ma­cedo­nio había traba­jado decenios atrás.
En el intervalo, Macedonio habría intentado reconstruir de memoria el viejo poema, sin lograrlo del todo. Ese texto, o uno de ellos, sería el que figura en las Obras Completas (VII 110-111) bajo el título “Otra vez”. (El texto aparece fechado allí como procedente del año “1920”, pero, co­mo mostraré más adelante, ello no es del todo co­rrecto.)